Pero lo mejor de estos dias en Arequipa ha sido sin duda la comida. Mi segundo dia de estadía en esta ciudad, tras una mañana horrible volviendome loca porque no encontraba a nadie que me pusiera la vacuna de la rabia en toda la maldita urbe (para después llamar al seguro y que me dijeran: !Ah! Pero no pasa nada si te la pones con una semana de antelación porque ya es la 4ta dosis,...) conocí a una menorquina (que pequeño es le mundo) de la que me hice amiga y me acabo contando lo que me daria una de las mejores tardes del viaje. Me explicó que la semana pasada había querido hacer un curso de cocina pero resultaba que la escuela estaba de exámenes y que entonces lo que había hecho era pagar 10 soles (unos 3 euros) para estar en clase viendo como los alumnos preparaban sus respectivos "platos de examen" y después tenia que saborearlos TODOS y dar su opinión. ¿Que hice yo? Copiarme. Me pase 3 horas viendo como 10 alumnos se examinaban de cocina criolla (es decir, de cocina peruana típica que habia surgido de las diversas influencias que habían confluido en el país, como la africana o la china) y después me infle por 4 euros a 10 platos tradicionales que estaban de rechupete. ¿Sabéis cuanto podría haber llegado a pagar si hubiera sido un restaurante? Y encima los alumnos eran de la clasle avanzada, de la que solo les quedaba un año antes de empezar a trabajar en los restaurantes "gourmet". Ya os imaginais lo bueno que estaba (dios, había una especie de sopa de marisco que era para morirse,...). ¿Y lo más gracioso de todo? El "problema" más grave con el que tropezaban los estudiantes era el de poner raciones exageradas, o como llamaba la profesora, raciones "peruanas", cuando estaban estudiando para ser chefs "gourmet" haha Me hizo mucha gracia. Al dia siguiente, con Antonia, nos dirijimos a casa de Martin, el recepcionista de nuestro hostal, que nos habia invitado a su casa a ver el partido Barca-Madrid (¡3-1!) y a comer comida típica arequipeña que su madre iba a preparar: causa limeña (una especie de lasaña pero con pure de patata en vez de pasta) y un chupe de camarones (sopa de gambas y arroz increiblemente parecida al arroz caldoso). Mi estómago parecía un globo al acabar, ¡pero estaba todo buenísimo!
Los dos dias siguientes los pase haciendo un trekking al Cañon del Colca, el cañon más profundo del mundo. Sinceramente, me esperaba mucho más de él, porque me habían hablado maravillas. Pero ya me habían dicho que esto suele pasar. De tanto que te hablan de lo hermoso o increible que es un sitio, te imaginas un paisaje que deja al paraíso por los suelos, y claro, va a ser que eso es difícil hasta para la sabia naturaleza. Lo malo que tiene bajar a lo más profundo del cañon más profundo, es que parece que la ley de la gravedad funcione al revés: en vez de decir que todo lo que sube, baja, dices que todo lo que baja, sube. Esto consiste basicamente en que el primer día te emocionas mucho en la bajada, llegando a dormir en una especie de oasis verde con piscina turquesa, y el segundo día casi te da un ataque al corazón al despertarte a las 5am para sufrir las 3 horas de pura y dura subida. Y es justo en ese momento cuando te informan de que el desayuno no se da hasta que se llega a la cima (nunca mejor ganado), ¿y que haces entonces? pues o pagas por un snack más de lo que costaría vender un riñón, o te tragas los 1000 metros de ascenso engañandote a tí misma mientras juras y perjuras que mucha de la energia de la abundante ración de espaguettis que comistes la noche anterior todavía sigue en tu estómago (mentiraaaaa). Al final, y como siempre, llegas, descansas y al cabo de media horas empiezas a notar como te duele cada músculo de tu cuerpo, incluyendo (y no tengo ni idea de porque) tus gluteos. Horroroso. Además, no vi ningún condor. Pero bueno, la verdad es que no estubo tan mal, quizás sea solo que ya estoy cansada y quiero regresar a casa :)
Los dos dias siguientes los pase haciendo un trekking al Cañon del Colca, el cañon más profundo del mundo. Sinceramente, me esperaba mucho más de él, porque me habían hablado maravillas. Pero ya me habían dicho que esto suele pasar. De tanto que te hablan de lo hermoso o increible que es un sitio, te imaginas un paisaje que deja al paraíso por los suelos, y claro, va a ser que eso es difícil hasta para la sabia naturaleza. Lo malo que tiene bajar a lo más profundo del cañon más profundo, es que parece que la ley de la gravedad funcione al revés: en vez de decir que todo lo que sube, baja, dices que todo lo que baja, sube. Esto consiste basicamente en que el primer día te emocionas mucho en la bajada, llegando a dormir en una especie de oasis verde con piscina turquesa, y el segundo día casi te da un ataque al corazón al despertarte a las 5am para sufrir las 3 horas de pura y dura subida. Y es justo en ese momento cuando te informan de que el desayuno no se da hasta que se llega a la cima (nunca mejor ganado), ¿y que haces entonces? pues o pagas por un snack más de lo que costaría vender un riñón, o te tragas los 1000 metros de ascenso engañandote a tí misma mientras juras y perjuras que mucha de la energia de la abundante ración de espaguettis que comistes la noche anterior todavía sigue en tu estómago (mentiraaaaa). Al final, y como siempre, llegas, descansas y al cabo de media horas empiezas a notar como te duele cada músculo de tu cuerpo, incluyendo (y no tengo ni idea de porque) tus gluteos. Horroroso. Además, no vi ningún condor. Pero bueno, la verdad es que no estubo tan mal, quizás sea solo que ya estoy cansada y quiero regresar a casa :)
PD: ¿Sabias que en Nueva Zelanda una vez que empiezas a trabajar o cumples 18, tienes que, normalmente pagar un % a tus padres por tu manutención? ¡Es tan gracioso!
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